Publicado el 2009-11-30

El reto del combustible

El futuro nos exige cambiar a energías renovables e inocuas para el clima. En un proyecto único, Volvo Trucks aspira a convertir el DME en un biocombustible realmente viable.

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i no ha pasado usted los últimos 15 años profundamente dormido, sin duda sabrá lo pesimista que es el panorama a día de hoy: los combustibles fósiles, la fuente de energía más utilizada del mundo, han entrado en la recta final. El carbón, el petróleo y el gas natural no sólo se están agotando, sino que contribuyen generosamente al efecto invernadero y son una constante fuente de preocupación tanto por la fluctuación de los precios como por lo peligroso que resulta transportarlos.

Sin duda también estará al corriente de los esfuerzos que se están realizando para encontrar alternativas. En todo el mundo se dedican cuantiosos recursos a investigar fuentes de energía que no sólo no perjudiquen al clima y al entorno, sino que también ofrezcan un alto rendimiento energético y una vida útil que permita amortizar la enorme inversión de las fases iniciales de desarrollo.

El sector del transporte no es una excepción. En Volvo Trucks, dichos esfuerzos se iniciaron hace décadas, como demuestra el hecho de que cualquier camión Volvo moderno sea más de 100 veces más limpio (y emita un 40% menos de dióxido de carbono) que el modelo correspondiente de hace 30 años, por poner sólo un ejemplo.

Hace dos años experimentaron un gran avance, cuando Volvo Trucks descubrió siete nuevos modelos de camión sin emisiones de dióxido de carbono, cuyo motor funciona con siete tipos distintos de biocombustible.

“Nuestro objetivo era demostrar que teníamos la tecnología para cualquier tipo de combustible”, explica Mats Franzén, jefe de producto para motores en Volvo Trucks. ”El mayor reto no era tanto desarrollar la tecnología de motor necesaria como producir combustibles alternativos de calidad y viables comercialmente.”

Entre los distintos combustibles ecológicos que tienen posibilidades para el futuro, existe una alternativa especialmente prometedora: el DME (dimetil éter). Aunque este combustible requiere una mayor adaptación de la infraestructura para convertirse en una posibilidad realmente viable. La buena noticia es que tiene un ciclo totalmente libre de los aspectos más perjudiciales para el entorno.

“Lo que hace al DME tan viable es que tiene un proceso de combustión muy limpio. Desde la producción hasta el consumo, lo que significa que desde que se produce hasta que se quema en el motor, el DME es el combustible más eficiente que tenemos. Comparado con el biodiesel, permite recorrer una distancia cinco veces mayor que con la misma superficie de cultivo destinada a producir biodiesel”, prosigue Mats Franzén.

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