Publicado el 2008-02-23

Transporte sobrecogedor

Descensos escarpados. Curvas cerradas. Tráfico agresivo y aire enrarecido que obliga a los pulmones a luchar por cada bocanada como si estuviera en juego la propia vida. Todos los días, José Astete Torres conduce su Volvo FH hasta casi 5.000 metros sobre el nivel del mar para recoger una carga de zinc de las minas del interior montañoso de Perú. Bienvenidos a bordo en un viaje que pone a prueba los límites del hombre y de la máquina.

Es temprano por la mañana y, como es habitual, las nubes del Océano Pacífico se han posado sobre Lima. Por encima de la capital peruana, con una población de varios millones de habitantes, una gruesa capa de nubes lo tiñe todo de un uniforme tono grisáceo. Bueno, casi todo. Una pegatina con una pequeña águila colocada debajo de uno de los faros de un Volvo FH12 de color dorado irradia todos los colores del arco iris, como si hubiera absorbido los rayos del sol. Mientras José Astete Torres lleva a cabo la comprobación de seguridad periódica de su camión, es en esta pequeña águila en la que se fija antes de subir ágilmente a la cabina para empezar el turno del día.

“Es mi talismán de la suerte”, dice mientras sonríe tranquilamente. Y añade:
“El águila es el símbolo de la fuerza y la precisión. Puede lanzarse desde una altura inmensa, golpear con precisión milimétrica a un animal que huye y, después, impulsarse hacia arriba, con su pesada presa entre las garras. Son las mismas propiedades que espero de mi camión y por eso el águila es tan importante para mí”.

En pocas horas comprenderé lo que quiere decir. Sin embargo, por el momento no parece muy urgente la necesidad de un amuleto de la buena suerte. Hemos aparcado en un estacionamiento vallado al lado del puerto industrial de Lima. El muelle de carga está vacío y el depósito de combustible está lleno. La mañana es tranquila, aunque el ruido cada vez mayor procedente de la ciudad que se encuentra al otro lado de la puerta principal indica que la situación pronto va a cambiar.

José Astete Torres es conductor de camión en Simsa, una empresa que durante casi 65 años ha sido uno de los principales productores de zinc y plomo de Perú. La producción de 65.000 toneladas anuales de la empresa se envía a industrias de todo el mundo.

El estacionamiento es el punto de partida de José. Cada dos días sale de aquí para recoger la carga de concentrado de zinc, un tipo de mineral de zinc refinado, en la mina de la empresa en San Ignacio, a más de 300 kilómetros en el interior del país. O más bien en las “tierras altas” del país, porque para llegar hasta la mina, debe subir a 5.000 metros por encima del nivel del mar. Tiene que cruzar la cima de la cordillera de Los Andes, pasar por tres zonas climáticas y moverse por lo que se puede denominar, de forma moderada, como tráfico caótico antes de volver completamente cargado.

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